VIDEO, YO VEO, AHECHA

VIDEO, YO VEO,  AHECHA
Edición de Brumaria 10, Madrid 2008

11/10/07

MUESTRA EUROAMERICANA DE VIDEO Y ARTE DIGITAL, BUENOS AIRES, NOVIEMBRE 2006




APUNTES PARA UNA HISTORIA DEL VIDEOARTE PARAGUAYO

SELECCIÓN DE VIDEOARTE PARAGUAY 2006
MUESTRA EUROAMERICANA DE VIDEO Y ARTE DIGITAL


Presentación de Fredi Casco

Podría comenzar directamente hablando de las obras de videoarte que traigo, pero ¿de qué sirve si es que antes no intento aunque sea sumariamente ponerles al tanto de aquella realidad tan desconocida para ustedes que es la escena audiovisual paraguaya?
No se ilusionen, que no les voy a revelar un enigma ni tampoco un tesoro escondido, nada más voy a esbozar una historia mal conocida fuera de nuestras fronteras, con sus luces y sus sombras.
Y bien, dicho esto, confieso que es difícil elaborar de una historia coherente del videoarte paraguayo cuando ni siquiera se ha dado en el pasado la historia de un cine nacional. Hasta hace un par de décadas, la práctica del audiovisual había pasado poco las fronteras de la televisión local, de tradición más bien conservadora, acunada en los regazos ideológicos de la dictadura de Stroessner, esta última caracterizada más que nada por sus escasas luces y por la ausencia de políticas culturales. La televisión paraguaya no ha sabido ni querido abrir camino a una escena audiovisual creativa, ni siquiera productiva.
Sin políticas culturales, sin industria ni instituciones de apoyo a la cinematografía, poco es lo que se puede mencionar de nuestro cine. Pero utilicé la palabra “poco”, ese poco que nos salva de la nada: Desde los experimentos cinematográficos en los años setenta (Carlos Saguier, Jesús Ruiz Nestosa), hasta el modesto boom del audiovisual a principios de los noventas con cortometrajes de ficción de buena calidad; desde ese objeto singular y precioso que es Hamaca paraguaya, hasta la aparición muy reciente de una generación de autores y productores interesados en el género documental, la historia del cine paraguayo recién comienza.
Este año finalmente fue aprobada por el Parlamento la tan aguardada Ley de cultura, desempolvada del cajón legislativo después de casi una década, ley-marco que pretende proteger los derechos y la producción de bienes culturales. Tal vez este entusiasmo del momento permita impulsar la aprobación del proyecto de ley más conocido como Ley de cine. A eso hay que agregar el repentino prestigio que hoy goza el audiovisual en Paraguay.
Pero, ¿qué hay, o qué hubo de esas otras experiencias audiovisuales, esas que hoy nos interesan? A pesar de todo las hubo, y aparecieron de forma más o menos aislada en una de las escenas con mayor persistencia en el Paraguay, la de las artes plásticas.
La Modernidad en el Paraguay, iniciada (al menos de forma programática) a mediados de los cincuenta, ha forjado una práctica artística sostenida en el tiempo y según los postulados de las vanguardias del siglo XX.
A finales de los años sesenta, bajo la égida de los happenings y otros experimentos Fluxus, un entonces joven pintor, Ricardo Migliorisi, con su singular estética incursionó en el cine experimental con un trabajo en conjunto con Bernardo Krasniansky y Cira Moscarda . Lamentablemente no quedan copias de aquella cinta titulada “Jayne, hasta el asco”.
Ya mencioné algunos experimentos cinematográficos en los 70, pero recién a mediados de los 80’s aparecen dos piezas que podrían calificarse como antecedentes del videoarte en sentido estricto. Me refiero a “Briggita Von Scharkoppen en el Jardín de las Delicias”, también de Ricardo Migliorisi y “Autorretrato”, de Margarita Morselli. En el primer caso, se trata de un filme experimental con marcados componentes teatrales y en el segundo, de una obra netamente de videoarte. Esta última, a partir de los noventas fue presentada como video-objeto.
Como toda historia plagada de agujeros y de saltos en el tiempo, luego de una prolongada pausa, en la segunda mitad de los noventas, algunos artistas plásticos surgidos en esa década comenzamos a trabajar de forma más sistemática y reflexiva el videoarte. Entre los años 1996 y 2001, Marcos Benítez, Ana Ayala y quien les habla, exploramos los potenciales estéticos de la imagen de video, su expansión en el tiempo y el espacio, la práctica del videoarte como crítica a los medios de comunicación de masas y la influencia de estos en la cultura popular.
Por su parte, Paz Encina en Buenos Aires construía su propia obra videográfica.
Paulatinamente, otros artistas plásticos, pero también gente de la danza, del teatro, de la fotografía e incluso de la arquitectura, se irían incorporando a esta diletante escena del videoarte.
Más recientemente ayudó a la generalización de esta práctica entre los creadores, la ruptura de un paradigma absurdo: La persistencia hasta hace poco de una suerte de prejuicio con respecto al videoarte, que hacía que la utilización del cine y el video en Paraguay se circunscribiera casi exclusivamente al campo de la ficción narrativa. Este prejuicio se acabaría definitivamente con la última generación del audiovisual, en buena medida porque muchos de ellos tuvieron mayores oportunidades de viajar y de confrontar sus visiones con la escena internacional. Como ejemplo pongo a la última camada de videastas que fue a estudiar a la Escuela de Cine y Televisión de la Habana. Allá descubrieron, entre otras cosas, las posibilidades del documental, el cine de artista y el experimental. Pero también debo hacer un reconocimiento a las visitas en la década pasada de exponentes del videoarte rioplatense, como Andrés Denegri y Jorge La Ferla, así como a las publicaciones de la Muestra Euroamericana.
Hace unos años el Salón de Arte Joven La Nación tuvo como tema principal el arte y las nuevas tecnologías. Poco después, Fernando Moure, crítico de arte y curador independiente, organizaría una extensa muestra audiovisual llamada ASUANIMA en el Centro Cultural de España, donde el videoarte ocuparía un lugar privilegiado.
Por último, es interesante mencionar que algunos de los nuevos creadores provienen actualmente del diseño gráfico, el diseño web y la publicidad, gente muy joven, con buenos conocimientos técnicos y ya plenamente adaptados a la avalancha de imágenes e información que trajeron a mi país la democracia, la globalización y la revolución telemática.
Paraguay, ya no es tanto esa isla rodeada de tierra descrita por Roa Bastos.

MEACVAD / SELECCIÓN DE VIDEOARTE 2006
Curador: Fredi Casco


Si bien la mayor parte de la presente selección de videoarte paraguayo se circunscribe a trabajos realizados entre el 2003 y el 2006, la muestra abre con In Arcadia Ego, video realizado en 1999 por el critico de arte y arquitectura Javier Rodríguez Alcalá, que permaneció sin ser exhibida al público hasta hoy. Me interesó traer a la Muestra Euroamericana por varias razones, pero la principal es por que de alguna manera en ella se encuentran varios componentes presentes en las obras de videoarte paraguayo de la década pasada: Por ejemplo, en el plano estético, el recurso al lo-tech o la “alta desfinición” de la imagen videográfica como diría Jean Paul Fargier, la simultaneidad de planos, la utilización del barrido electrónico, etc.; o en el aspecto conceptual, el interés en la deconstrucción del lenguaje de los massmedia. Todo esto sin descuidar la dimensión poética de imágenes que reflexionan sobre el eros y el tanatos y que por momentos bordean la abstracción.

Seguidamente se verán trabajos de dos jóvenes autores que provienen del ámbito del diseño gráfico y web. Juanchi Franco, con Me ven / Meveo y Negro Ruído, y por otro lado Daniel Milessi con Yasururu Sororo. En ambos casos, se trata de videastas interesados en los nuevos medios telemáticos, por lo que sus obras poseen características que las vuelven fácilmente adaptables al circuito del net.art. Los trabajos de Franco oscilan entre la crítica a los sistemas de control en las sociedades contemporáneas y la polución visual en urbes tercermundistas; por su parte Milessi con Yasururu Sororo, elabora una recreación interactiva y en clave de videojuego de un capítulo de la historia del Paraguay, el de la llegada de los primeros adelantados españoles en busca de la ruta a Eldorado y su trágico destino en los estómagos de nuestros antepasados indígenas del Chaco paraguayo.

Luego viene Ingravidez & Gravidez, de Leticia Coronel, obra a medio camino entre el documental y el videoarte, que muestra aspectos de la vida de una familia rural, más específicamente de Maria de la Cruz, mujer con 30 años y 9 hijos, de los cuales dos en su vientre y muchos más en proyecto. Según palabras de Leticia, este trabajo “es un homenaje a su útero milagroso”.

A continuación vienen dos videos con fuerte contenido político de Erika López y Javier Meza, ambos grabados con una elemental videocámara Hi 8. En El sentido de la utopía, aparece Erika frente a un mortero, de esos que se usan en las zonas rurales para triturar granos o hierbas medicinales. En este caso se la ve a ella destruyendo documentos y publicaciones de informes de organismos internacionales encargados de realizar estudios sobre la realidad en el campo.
En El campo del dolor, se lo puede ver a Javier subido a un omnibus leyendo pasajes del Nuevo Testamento intercalados con reflexiones mordaces acerca de los circuitos artísticos oficiales, comportamientos de las industrias culturales, etc.

Cintazul y Nocturno 1, son dos videos de Valentina Serrati, videoartista paraguaya residente en Chile. El primero nace de un registro documental de las marchas mapuches realizadas durante el 2004 en Santiago de Chile. La búsqueda de la composición de imagen en una cámara de video muestra el rostro de una niña mapuche que no se percata que está siendo grabada mientras juega inocentemente con una cinta azul. El canto ritual de fondo, sofocado por una música insidiosa y las intervenciones sobre la imagen con lápices de colores agregan una dimensión de inquietante extrañamiento.
Nocturno 1, por su parte aparece como una reflexión crepuscular desde el cuerpo- mujer en una cultura altamente influenciada por prototipos y estereotipos propios de los medios de comunicación.

Los siguientes 3 trabajos pertenecen a artistas plásticos y fueron presentados originalmente como videoinstalaciones.
La cocina de Josefina de Pedro Barrail muestra en tres pantallas simultáneas, imágenes de un matadero, calcos de yeso de lenguas de vaca metidos en una heladera y una cita literaria de un poema de Josefina Plá superpuesta con cotizaciones de monedas. El trabajo es una reflexión sobre las identidades nacionales fundadas en la violencia.
En El gusto de la mirada de Ricardo Migliorisi, el artista se presenta a sí mismo mostrando la lengua, en la que aparecen y desaparecen sucesivamente extraños signos gráficos, como metáfora del consumo constante por parte del sujeto contemporáneo de signos-mercancías.
La videoinstalación Electric Light, Electric Night, de Bettina Brizuela es una aproximación cargada de humor e ironía a las crónicas policiales en los massmedia. Una cámara de circuito cerrado graba “en directo” el asesinato de un arbolito de navidad perpetrado por sus propias lucecitas.


Fotogramas del video Electric night, electric light de Bettina Brizuela
Emuhno, es una pieza de Agu Netto y José Pedersen, a medio camino entre el cine de animación y el video experimental, representa gráficamente la percepción del mundo según el relato oral de Wylky Dohorâta, chamán de la parcialidad indígena Tomarâho. También está inspirada en los dibujos del artista Ogwa, perteneciente a la parcialidad Ybytoso. Ambas parcialidades forman parte de la etnia chamacoco del Alto Paraguay.

Comer te, de Javier Valdez es una reflexión de lo que consumimos, el tiempo dedicado a la alimentación en las diferentes sociedades y la repetición como ritual.

Por último, Esta tarde vi llover de la fotógrafa Gabriela Zuccolillo es un paseo cargado de sensualidad y poesía a través de una Asunción azotada por la lluvia tropical. Los pequeños descalces que aparecen en la sucesión de fotogramas evidencian el registro hecho por medio de una cámara fotográfica. Este trabajo se presenta como una versión audiovisual de su emblemática serie fotográfica de Lluvias y tormentas.

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